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DÍA DE LA
MISIÓN CLARETIANA UNIVERSAL - 2006
Mensaje del P.
General
Este año nos disponemos a celebrar nuevamente el “Día
universal de la misión claretiana”. “Lo
que tengo te doy” son las palabras del libro de los
Hechos de los Apóstoles que nos invitan a colocarnos
en la perspectiva de solidaridad que quiere promover esta
celebración.
Abrir los ojos y el corazón a la realidad de nuestro
mundo provoca en nosotros un anhelo de cambio que nos dispone
a compartir. Son demasiadas las injusticias que descubrimos,
son escandalosas las diferencias que no permiten a muchos
vivir con dignidad, son innumerables las personas que están
aguardando un gesto y una palabra solidaria que abra nuevos
horizontes de esperanza en sus vidas. Sabemos que la Palabra
del Señor y las acciones que inspira son capaces de
dar respuesta a estas situaciones.
La
actividad misionera quiere ser un instrumento de cambio que
ayude a despertar en los corazones de cada persona la sed
de verdad y justicia y el compromiso de vivir según
ella. A partir de ahí resulta posible un cambio de
la realidad que la acerque a ese ideal de fraternidad que
es el Reino de Dios.
El día universal de la misión claretiana pretende
ayudarnos a retomar conciencia de que esta solidaridad tiene
unos confines universales. Hay misioneras y misioneros claretianos,
tanto religiosos como seglares, que están dando su
vida -meses, años, toda entera- para que el Reino de
Dios se haga realidad concreta en los contextos en que están
trabajando. Es bueno y necesario recordarlos y sentirlos cercanos.
Su testimonio nos ayuda a mantener vivo el sentido misionero
en nuestras propias vidas y las abre a esa solidaridad que
todos soñamos.
El día universal de la misión claretiana nos
da una oportunidad de conocer y nos ofrece cauces concretos
para colaborar. Nuestro gesto solidario puede llegar a muchas
comunidades en todo el mundo: se puede convertir en oportunidad
de educación para niños y jóvenes, en
posibilidad de acceso a la sanidad para quienes no tienen
atendido este derecho fundamental, en una obra de canalización
de agua que mejore las condiciones de vida de algunas comunidades,
en ocasión para muchos catequistas y líderes
de recibir una formación que les capacite mejor para
ayudar a los demás, en ayuda preciosa para la formación
de los misioneros que, con su trabajo, van a hacer posibles
todos estos proyectos solidarios, y muchas cosas más.
Queremos compartir la situación de los pueblos donde
trabajamos y la labor de los misioneros. Sabemos que van a
encontrar resonancia en nuestros corazones y que pueden ser
fuerza transformadora en nuestras vidas y en nuestra sociedad.
Hay muchas misiones que no cuentan con recursos suficientes
para seguir con los compromisos adquiridos y no pueden responder
adecuadamente a los desafíos con que se encentran cada
día. Necesitan de la solidaridad de otros.
El día universal de la misión claretiana nos
invita a agradecer a muchos hermanos y hermanas nuestras su
generosa dedicación a los más pobres y excluidos
y nos mueve a sumarnos, desde lo que tenemos, a su gesto fraterno
y solidario.
Josep M. Abella, cmf.
Superior General
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