MENSAJE DEL PADRE GENERAL
PARA MOTIVAR
EL DIA DE LA MISIÓN UNIVERSAL CLARETIANA
El creciente proceso de globalización nos ha acercado inmensamente unos a otros. Tanto a través de los medios de comunicación social más tradicionales como de las nuevas posibilidades abiertas por internet, nos podemos asomar constantemente a la actualidad de los cinco continentes.
También
en el ámbito eclesial y dentro de las mimas congregaciones misioneras
los nuevos sistemas de comunicación han abierto caminos que nos permiten
un mejor conocimiento de la vida de las comunidades cristianas en las diversas
partes del mundo. La vida de esas comunidades, su proyección misionera,
sus logros y sus dificultades, sus luchas y sus necesidades se nos resultan
ya, en cierto modo, familiares. La Congregación de Misioneros Claretianos,
presente en este momento en 63 naciones de los cinco continentes, quiere contribuir
también a consolidar este sentido de comunión universal y a ofrecer
cauces concretos para hacer efectiva la solidaridad que de ella debe surgir.
Son muchas las misiones que necesitan nuestra ayuda. Se trata de comunidades cristianas, a las que acompañan nuestros misioneros, que viven en circunstancias muy difíciles, marcadas por muchas carencias en el ámbito de la salud, la educación y la economía. Se trata de misiones en las que la comunidad cristiana no puede sentirse tranquila manteniendo solamente sus propias estructuras, sino que debe testimoniar el amor de Dios a través de proyectos concretos que permitan establecer las bases para un futuro que posibilite a la gente vivir con la dignidad que les corresponde y realizar el sueño de una sociedad más justa y fraterna, más cercana, en último término, al proyecto de Dios.
Se trata, sin embargo, de comunidades cristianas que
necesitan
también sus lugares de reunión y culto, que deben atender a la
formación de muchos catequistas y agentes de evangelización, que
necesitan medios de transporte para los misioneros y que han de luchar con muchas
dificultades a la hora de realizar su misión. Es admirable la cooperación
de la gente a pesar de su precaria situacion económica. Pero, no pueden
llegar a todo. Aquí se abre un espacio a nuestra solidaridad. Unos necesitan
ayuda, otros encuentran en el hecho de ofrecerla un camino concreto para expresar
su sentido de catolicidad, de solidaridad universal.
Existe, además, otra dimensión muy importante que con frecuencia olvidamos a la hora de plantear el tema de la solidaridad en el ámbito de la misión: los muchos proyectos misioneros y sociales que apoyamos con tanta generosidad son posibles porque hay misioneros que los guían y sostienen, que dedican enteramente a ellos sus vidas. Esos misioneros hay que formarlos durante muchos años y ello tiene, naturalmente, un costo económico notable. Gracias a Dios, existen en nuestra Congregación misionera numerosos grupos de jóvenes que se están preparando para ofrecer sus vidas al servicio de la misión. Apoyar los proyectos formativos es un modo concreto de expresar nuestra preocupación por la misión evangelizadora de la Iglesia y de hacer posible la misma continuidad de los proyectos sociales que garantizamos con nuestras aportaciones.
El “día de la misión universal claretiana” quiere ayudarnos a tomar conciencia de la universalidad de la misión en los distintos ámbitos que he indicado y de ofrecer a la Procura General de Misiones los recursos necesarios para atender a esas necesidades, difíciles de financiar a través de los proyectos ordinarios presentados a agencias o a instituciones oficiales. Mi deseo es que sea una día de comunión y de solidaridad que nos haga sentir cerca la vida de todos nuestros hermanos misioneros y de los pueblos a los que sirven.
Fraternalmente,
Josep M. Abella, cmf.
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