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CLARETIANOS EN EL SINODO
(Roma, Oct. 4, 2005)
Revmo. P. Josep Maria ABELLA BATLLE, C.M.F.,
Superior General de los Misioneros Hijos del Corazón
Inmmaculado de María (Claretianos)
El
número 25 del Instrumentum Laboris constata la necesidad
de que la celebración de la Eucaristía llegue
a "formar personas y comunidades eucarísticas
que amen y sirvan, como Jesús en la Eucaristía".
En el fondo, se está diciendo que quienes se reúnen
para celebrar la Pascua del Señor sean, en medio de
la sociedad, memoria y signo vivo del Señor que da
la vida.
Sin embargo, con frecuencia, no ocurre así. En la celebración
se ha vivido un momento hermoso, pero la vida sigue por su
camino, movida por otras preocupaciones, incapaz de asumir
las exigencias que brotan de la Eucaristía que se ha
celebrado. La celebración no se hace espiritualidad
en la vida de los fieles ni se convierte en dinamismo misionero.
Se observa una cierta dicotomía vida y Eucaristía
El Sínodo debería analizar las causas de esta
situación para poder ofrecer respuestas pastorales
adecuadas. Apunto algunas apreciaciones en este sentido.
1. En un ambiente cultural de cierta superficialidad como
el que observamos con frecuencia, la Eucaristía puede
convertirse en uno más de esos acontecimientos que
se suceden sin dejar mayor impacto en las personas. Sin
una vida vivida con intensidad y profundidad no es posible
vivir la Eucaristía significativamente. La
pastoral eucarística ha de tener muy presente esta
dimensión antropológico-cultural.
2. Se percibe la necesidad de una conexión
más explícita entre la celebración de
la Eucaristía y la vida concreta de las personas que
participan en ella. De hecho, lo pide el número
71 del Instrumentum. Para ello es necesario resaltar más
en la catequesis eucarística y en la misma celebración
aquellos elementos que ayuden a encontrar esta conexión.
La experiencia de las comunidades ec1esiales de base y de
otras iniciativas semejantes nos iluminan sobre este punto.
3. Un tercer aspecto tiene que ver con el lenguaje,
los signos, la misma estructura de la celebración y
su modo de realizarla. A veces da la impresión
que hemos resaltado demasiado la dimensión cultual
en menoscabo de la de "Memoria y "Mesa compartida".
Con ello se pierde bastante de la fuerza provocadora que tiene
la memoria de la Pascua de Jesús y de la exigencia
de fraternidad que surge del compartir la mesa del Señor.
Deberíamos buscar, en cada contexto cultural, el modo
de resaltar estas dimensiones tan fundamentales para que el
dinamismo de la Eucaristía transforme la vida de los
fieles y sea fermento de cambio en la historia concreta de
los pueblos. |